La vida continua. Pero es importante recordar lo que le pasó a Elvira, vecina de Balvanera hace algunos años....
Va la historia...
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Resabios del ex Concejo Deliberante
Otro episodio de corrupción
Investigan la historia de una mujer con cáncer a la que le usurparon su identidad para hacerla pasar por ñoqui y cobrar 30.000 pesos
"Para conseguir la prótesis de mi pecho tuve que hacer una rifa. Para que me dieran las drogas oncológicas debí recurrir a la TV. Mientras tanto, alguien cobró por mí más de 30.000 pesos como ñoqui en el ex Concejo Deliberante."
Elvira Bracamonte habla en voz baja, como aquellos acostumbrados a perder. Dice que tiene mucho miedo, pero igual quiere contar lo que le pasó.
Quiere saber quién usó su sufrimiento para ganar dinero. Y no entiende a la Justicia, adonde deberá concurrir mañana para declarar como sospechosa de malversar caudales públicos.
Jura que nunca pisó el ex Concejo Deliberante y que jamás pidió trabajo en una dependencia oficial. Cree que una copia de su DNI, que entregó en 1994 en el Senado para que le dieran una pensión para comprar los remedios, fue utilizada para nombrarla empleada del desaparecido cuerpo legislativo local.
En 1996 llegaron a su domicilio recibos de la AFJP Activa-Anticipar. Como ella no tenía trabajo ni hacía aportes, llamó al teléfono que figuraba en los resúmenes de cuenta y le informaron que sus depósitos los hacía el ex Concejo Deliberante. Creyó que todo era un error. Su deteriorada salud era entonces su única preocupación.
El año último la citaron de una fiscalía para declarar como testigo. Ahora se convirtió en imputada. Dice que teme ir presa, aunque sabe que es víctima de la corrupción que imperó en el ex Concejo.
Su historia se suma al increíble repertorio de anécdotas acumuladas en la causa que instruye el juez Alberto Baños y que enfrentó al magistrado con un grupo de fiscales.
Así, las desventuras de Elvira conviven con las de Artemio Silvestre Martínez, el villero analfabeto al que nombraron director del Concejo y en enero último secuestraron para que guardara silencio, y con las de un centenar de vecinos cuyos nombres fueron usurpados -sin su consentimiento- para saquear las arcas de la ciudad. Historias que, si no fueran tan penosas, resultarían hechizantes. "Era septiembre de 1994. Estaba desesperada porque recién me había enterado de que tenía cáncer y debía operarme. No podía trabajar por mi enfermedad y necesitaba un tratamiento que costaba mil pesos diarios", contó Elvira.
Y siguió: "No tenía familia ni cobertura social. Fui pupila desde los 10 años porque mi madre me abandonó y mi tutora me maltrataba".
Encuentro casual
"Tuve suerte. De casualidad, un día me topé en el café Tortoni con Fernando de la Rúa, Gustavo Beliz y Aníbal Ibarra, que estaban dando un reportaje. Me acerqué y les conté mi caso. Ibarra y Beliz ni me escucharon. De la Rúa me dijo que para eso necesitaban ganar. Le respondí que yo no podía esperar a las elecciones. Que el cáncer no espera. De la Rúa entendió y pareció ayudarme: "A ver Julio, atendé a la señora".
"A De la Rúa no volví a verlo. Le entregué a Julio una lista de remedios que necesitaba y él me dio el nombre de Nelson López Boado, una dirección en Entre Ríos 184, que luego supe que correspondía a dependencias del Senado, y un teléfono. A la semana llamé al contacto. Me indicó que escribiera una carta lastimera dirigida a De la Rúa con una fotocopia de mi DNI, porque me asignarían una pensión graciable del Senado. Lo hice, pero nunca más tuve noticias."
Igual Elvira no se quedó con los brazos cruzados. "Si me tengo que morir, me voy a morir peleando", dice que se repetía cada mañana.
Para la primera de las sesiones de quimioterapia consiguió un subsidio de Acción Social. Pero como eso no le alcanzaba para seguir el tratamiento, decidió ir a la TV.
El 24 de septiembre de 1994 fue a Telefé y le hicieron una nota. Sólo entonces consiguió lo que necesitaba. Al día siguiente, el Director del Banco de Drogas, Roberto Loiácono, puso los medicamentos a su disposición. Y dos médicos de la Clínica Oncológica del Sur le ofrecieron realizar gratuitamente el tratamiento. Le sacaron un pecho, hizo varias sesiones de quimioterapia, le colocaron una prótesis y ahora los controles le dan bien, cuenta entusiasmada.
Elvira nació en Córdoba hace 43 años. Es de San Lorenzo y radical de toda la vida. "Me hice radical a los ocho años, cuando una avioneta pasaba sobre el jardín de la casa donde vivía con mis tutores, en Grand Bourg, con una canción de la fórmula Illia- Perette, que me gustó y se me quedó pegada para siempre."
Gracias a una amiga, que le cedió su puesto, ahora trabaja todas las tardes en un garaje. Se nota que nadie le regaló nada en la vida. Terminó la primaria y el secundario en colegios pupilos. Asegura que le encantaría poder ir a la Universidad.
"Yo no soy tonta, sé que en definitiva me estoy tirando contra De la Rúa y del otro lado tienen muchas armas para defenderse y dar vuelta la historia. Yo no puedo cambiar la verdad, porque ésta es mi historia. Pero a ver si todavía yo termino presa y los que se aprovecharon de mi cáncer, muertos de risa", se quejó.
Ayer de la Rúa estaba con Carlos "Chacho" Alvarez en gira de campaña en Salta. La Nación se comunicó y dejó mensajes en el teléfono celular de cinco de sus colaboradores. Al cierre de esta edición, ninguno había respondido.
Laura Zommer
{Subtit.cocatenado} Hay 697 imputados
Elvira Bracamonti es una de las 697 personas a las que el juez de instrucción Alberto Baños citó a prestar declaración indagatoria en la causa en la que se investiga el nombramiento irregular de cientos de empleados de la planta transitoria del desaparecido Concejo Deliberante.
La decisión del magistrado, de convertir en sospechosos a todos los que figuraban en las planillas del cuerpo, enfrentó en diciembre último a Baños con la Comisión de Fiscales que creó el procurador general, Nicolás Becerra, para impulsar el caso. El fiscal de Cámara Norberto Quantín denunció en febrero último que "con esta medida, de imposible cumplimiento material, la causa prescribirá sin dar con los verdaderos responsables". "El juez incluyó a gente que nosotros consideramos damnificados. Planea indagar a una querellante reconocida por la Cámara, a un analfabeto que fue secuestrado para que no hablara y a otra pobre gente, como Bracamonti, que sólo se enteró de que usaban su nombre para cobrar dinero cuando fueron citados por nosotros en 1998", explicó a La Nación otro de los fiscales.
Ex concejales de todos los partidos declararán este año ante Baños, igual que Elvira Bracamonti, como sospechosos de malversar dinero. Luego, el juez procesará a los que crea culpables y desvinculará a los que no hayan tenido participación en la millonaria maniobra.
Fotos, ¡no!
Llegado el momento de las fotografías, Elvira Bracamonti, que se acercó sola a La Nación y denunció sin problemas cómo hicieron para convertirla en ñoqui sin su consentimiento, se echó atrás. "Una cosa es que pongas cómo me llamo, la gente se puede olvidar de un nombre rápidamente. Y otra muy distinta es que salga mi cara. No, por favor. Tengo mucho miedo", expresó. Antes de irse, preguntó por Artemio Martínez: "¿Qué pasó con ese otro testigo? ¿Yo terminaré amenazada como él?" Martínez vive custodiado en un hotel del Consejo del Menor.
Fuente: diario LA NACION
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